Lonja Tsukiji (El mercado de pescado)

Sábado 20 de Marzo

Nos levantamos a las 5 de la mañana para experimentar la intensa actividad que caracteriza la lonja del pescado. Después de coger dos líneas distinta de metro (pese a ser las seis, ya estaban llenos de escolares preparados para hacer deporte) nos bajamos en la estación Tsukiji (no hay JR para la lonja, así que el metro es la mejor opción) y nada más salir nos encontramos con el bullicio del gran mercado. Eso si, para llegar al epicentro, hay que caminar unos 400 metros.

Muchísimo movimiento de mercancías y de personas, que transportan el pescado congelado a gran velocidad, tanto con carretillas de mano como eléctricas (cuidado con ser arrollados!!). Pese a llegar temprano, las principales subastas de pescado ya habían terminado. Igual pudimos ver pescados de todos los tamaños, clases y colores. Los más grandes son los atunes (si!! unos atunes como en la vida hemos visto!!), y están súper congelados, de modo que los van cortando con una sierra.

Rafa lo graba todo. Es un poco peligroso, ya que la gente va por su faena a gran velocidad y tú estás molestando. Luego vamos por pasillos más angostos, donde vemos como van matando y cortando los peces. Hay unos tipos que parecen haber nacidos para matar pescados….son unas máquinas. Miren el video:

Al acabar la visita del pescado nos vamos a la lonja de la fruta y la verdura (a 50 metros), donde se pelean las últimas cajas de lechuga y coliflor,  y de aquí nos vamos a comer a unos de los restaurantes de la lonja. ¿Que qué se come en la lonja a las 8:30 de la mañana? Nuestro menú incluía un platazo de pescado crudo (sushi impecablemente presentado), gambas cocidas, arroz con atún cocinado y sopa de miso: Todo muy bueno y por 7575 yens. Deseo destacar que los sushis tienen una cantidad inusual de pescado para nuestro estándar occidental…Noemí casi termina con aversión al pescado, al tener que comerse un plato entero de sushis ella sola….

Recomiendo comprar la cerámica en la misma lonja (tazas tradicionales, bolls, cucharas), ya es el mejor precio que hemos visto, y la calidad es la misma que en las tiendas del centro. El señor de la tienda no habla inglés, así que practiquen la comunicación son señas.

Ahora les contaré la “anécdota de la sal”: A Rut le pidió un amigo que trajera sal de colores (que paracen piedras) con su respectivo rayador. Pues bien, nos hemos recorrido todas las tiendas de la lonja preguntando, como podíamos, si tenían sal y al final sólo hemos encontrado en una tienda una bolsita de sal rosa y la hemos comprado. Estábamos ya hartas de buscar. Entramos en el restaurante para comer y justo cuando vamos a pagar Rut ve la sal con el rayador justo al lado de la caja (por 500 yenes). ¡vaya casualidad! Así que compramos 5 paquetes.

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