Archive for the ‘Oku no in’ Category

Cementerio y Templo Oku No In

abril 26, 2010

Para llegar al Templo Oku No In, donde descansa el espíritu de  Kobo Daishi -fundador del budismo shingón- has de atravesar todo el cementerio, incluyendo sus más de 200.000 tumbas y  dos puentes. El cementerio es precioso, lleno de verde, árboles inmensos y muchos monumentos a los muertos. Puedes tardar un par de horas si deseas recorrerlo con calma y disfrutar de los detalles.

El tercer puente es la referencia para reconocer la entrada del templo, un punto sagrado para los budistas. Para pasar por él has de quitarte gorros y gafas y “lavar tu espíritu”. Para ello, primero te lavas las manos con el agua de la fuente que está próxima al puente y luego escoges tirarle agua a una de  las múltiples estatuas de los dioses (se dice que la elección no es casualidad y que ese será el dios que te cuidará).

Una vez dentro, recorremos el templo. Entramos brevemente, ya que estaban de servicio y no deseabamos interrumpir. Por ello, nos fuimos a la Sala de las Lámparas, una casa de dos pisos que está cercana al templo principal. La sala es espectacular. En ella cada lámpara -y hay muchas, desde el suelo hasta le techo de cada piso- representa a una familia, por la que los monjes rezarán eternamente (para ello, las familias ya han dado un “donativo” al templo)

Ya de regreso en el templo, chequeamos internet, nos despedimos de los monjes y comenzamos el viaje hacia Osaka.

Día 5, Ceremonia del fuego en Eko in

abril 26, 2010

14 de marzo


Una de las principales razones que nos llevó a alojarnos en un templo budista es que podríamos participar de las ceremonias y rituales que ellos hacen diariamente. Por ello, a las 7 de la mañana un monje nos pasa a buscar para compartir con ellos los rezos matutinos.

La ceremonia se desarrolla en dos lugares: en la primera sala, los monjes leen y rezan por alrededor de media hora. Las “sutras” o discursos de buda cantados por los dos monjes sonaban más o menos así.

Al finalizar, nos trasladan a una sala mucho más pequeña, donde el fuego es el protagonista. A la medida que el monje lee las utras, aviva las llamas del fuego y aumenta el olor a incienso.

Después nos sirven el desayuno en la misma habitación de ayer y al acabar nos vamos a visitar otra vez el cementerio pero esta vez de día. ¡Es espectacular!

Templo Eko in

abril 26, 2010

Nada más llegar dos monjes nos esperan y nos cogen las maletas. En la puerta nos hacen dejar los zapatos en unas estanterías y nos ponemos unas zapatillas de goma para andar por el templo.

La habitación triple es una sala con un ventanal enorme; en medio hay una mesa bajita con una manta y debajo un calefactor. Después de dejar las zapatillas de goma en la puerta de la habitación, nos sentamos alrededor y ponemos los pies debajo. ¡Vaya invento tan bueno! El monje se sienta con nosotros y nos explica el funcionamiento del templo, la hora de la comida, de la cena y el horario de las duchas. Nos cuenta también que si queremos podemos hacer un tour por el cementerio con un guía y que el monasterio cierra a las 23 h.

Cuando nos quedamos solos descansamos un poco y a las 17.30 h. nos viene a buscar un monje para que bajemos….a cenar!! (es lo que tiene seguir el ritmo de los monjes). Nos llevan a otra habitación y…¡sorpresa! nos han preparado unos cojines en el suelo con unas bandejas con comida típica, perfectamente presentada. Pedimos 4 raciones de Sake, pero solo somos capaces de terminar dos de los botellines.

Después de cenar volvemos a la habitación y a las 19.30 h nos viene a buscar un monje llamado Tamura, junto con otro grupo formado por estadounidenses de Minnesota, y nos lleva hacia el cementerio. Salimos en plena noche, con muchísima humedad pero poco frío. Antes de entrar nos cuenta que hay que purificarse así que tenemos que lavarnos las manos y la boca con unos cacitos que hay. Primero tenemos que enjuagarnos la boca y escupir el agua, nos lavamos una mano y después la otra y tiramos el agua que sobra. Nos cuenta que durante el recorrido hay tres puentes: hasta el primero no pasa nada, en el  segundo hay un pozo y a partir del tercero no se pueden hacer fotos, hay que quitarse el gorro y no se puede fumar.

El camino es empedrado y a lado y lado están las tumbas y pequeños templitos. En total pueden haber unas 200.000 tumbas, entre antiguos samurais y  fallecidos más recientes (en Japón todo el mundo quisiera ser enterrado aquí). Iluminan el camino unos farolillos de piedra que hacen una luz muy tenue. Todo en medio de un bosque milenario. Vemos unas pequeñas figuras de piedra con unos baberos y Tamura nos cuenta que están hechas en recuerdo de niños fallecidos.

Llegamos al segundo puente donde hay un templito y un pozo. La leyenda dice que si te miras en él y no te ves reflejado en el agua te morirás en 3 años. Nadie mira……

En el tercer puente hay como una especie de jaula de madera, con una piedra dentro y un agujero que permite meter la mano. El peso de la piedra representa tus pecados, si pesa mucho es porque has cometido muchos. Evidentemente, la piedra es pesadísima, por lo que a todos los presentes nos costó mucho levantarla. En el fondo este acto nos dice que todo el mundo lleva consigo algún pecado.

Hacemos otra parada delante de una fila de estatuas de budas y Tamura nos hace escoger uno a cada uno. Tenemos que cruzar las manos, inclinarnos delante de él y pedir un deseo. Después hay que coger un cacito con agua y echársela por encima.

Caminando Tamura le cuenta a Andrés que los monjes pueden casarse e incluso pueden vivir  en el templo con su pareja. Le cuenta que 100 días al año no pueden comer chile, pescado, carne, arroz, no pueden estar con mujeres, etc. Se levantan a las 2 de la madrugada y se van a dormir a las 21 h.

Al regresar al templo Rut, Noemí y yo nos vamos a dar un baño. Es una sala con unas 6 duchas y un yacuzzi. Después de ducharnos Rut se va, Noemí se mete en el baño común y yo lo intento pero sólo puedo meter las piernas de lo caliente que está el agua.

Ya con el pijama puesto y con el kimono  volvemos a la habitación y jugamos un rato a las cartas hasta las 24 h. que nos vamos a dormir.

Hacia el Monte Koya (Koyasan)

abril 26, 2010

Desde Nara llegamos a la estación de Shin Imamiya (el trayecto dura 36 minutos), donde cogemos otro tren que nos llevará hasta la estación de Gokurakubashi, ya en el interior de Japón.

Para llegar al Monte Koya decidimos comprar el “Koyasan world heritage ticket”, que incluye en su precio todos los trayectos ida y vuelta desde Shin Imamiya hasta Koyasan, incluyendo los buses y el funicular (abajo describimos con más detalle el modo en que llegamos a Koyasan). Además dan descuentos en algunas tiendas. Estos tickets también los compramos a través de la agencia que también se encargó de que los tuviéramos en el ryokan Yuu de Kyoto.

Mientras esperamos la llegada del tren, probamos helados de te verde y blanco, que compramos en la estación. Ya de camino descubrimos paisajes alucinantes: comenzamos a subir y aparecen bosques y más bosques, de cañas de bambú o de árboles de entre 20 o 30 metros. Vemos saltos de agua, ríos, casitas, templos y más templos. El tren circula por una vía única; por ello cada vez que llegamos a una estación el tren detiene su funcionamiento  por varios minutos, para dejar pasar al tren que viaja en sentido contrario.

He de avisar dos cosas sobre el tren:

a) No tiene baño (como el trayecto dura casi dos horas, pues es sugerible que paséis por el baño en Shin Imamiya, en especial si habéis probado los helados…)

b) Tenéis que ir en los primeros 3 coches, ya que el tren se separa a no mucho de comenzar el trayecto dejando atrás los otros.

Al finalizar el trayecto cogemos un funicular único, que sube un desnivel de 580 metros, con una pendiente sumamente empinada. Alrededor, bosques y más bosques y agua por todas partes….incluso quedan rastros de nieve.

El tren y el funicular están coordinados (como no! si en Japón todo lo tiene todo super organizado!), así que no hay necesidad ni de correr ni de esperar. Lo mejor es coger asiento en la parte central del funicular, ya que es en esa zona donde está el ascensor al salir y te evitas subir muchas escaleras (si se va cargado se agradece).

Una vez arriba cogemos el bus número 2 y bajamos en la novena parada, 10 metros antes del Templo.

Bajamos del bus: ¡Por fin hemos llegado! A la derecha de la parada del bus se encuentra el templo Eko-in, donde nos hospedaremos por una noche para llevar el ritmo de vida de un monje budista. Esto resultará muy sencillo, ya que el Monte Koya es el centro mundial del budismo shingon. De hecho, pese a no tener más de 10.000 habitantes, Koyasan tiene más de 100 templos. Nos comentan en el pueblo que, hasta hace no mucho, las mujeres y hombres corrientes tenían vedado el ingreso al monte, el cual solo estaba reservado para los estudiantes del Budismo. No es de extrañar, por tanto, que casi todos los habitantes estén ligados a los templos y que todo (si, todo) cierre a las 17:00 horas.

Ojo: el check in en los templos se hace solo hasta las 16:00 horas. Así que es mejor salir con tiempo.