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Templo Eko in

abril 26, 2010

Nada más llegar dos monjes nos esperan y nos cogen las maletas. En la puerta nos hacen dejar los zapatos en unas estanterías y nos ponemos unas zapatillas de goma para andar por el templo.

La habitación triple es una sala con un ventanal enorme; en medio hay una mesa bajita con una manta y debajo un calefactor. Después de dejar las zapatillas de goma en la puerta de la habitación, nos sentamos alrededor y ponemos los pies debajo. ¡Vaya invento tan bueno! El monje se sienta con nosotros y nos explica el funcionamiento del templo, la hora de la comida, de la cena y el horario de las duchas. Nos cuenta también que si queremos podemos hacer un tour por el cementerio con un guía y que el monasterio cierra a las 23 h.

Cuando nos quedamos solos descansamos un poco y a las 17.30 h. nos viene a buscar un monje para que bajemos….a cenar!! (es lo que tiene seguir el ritmo de los monjes). Nos llevan a otra habitación y…¡sorpresa! nos han preparado unos cojines en el suelo con unas bandejas con comida típica, perfectamente presentada. Pedimos 4 raciones de Sake, pero solo somos capaces de terminar dos de los botellines.

Después de cenar volvemos a la habitación y a las 19.30 h nos viene a buscar un monje llamado Tamura, junto con otro grupo formado por estadounidenses de Minnesota, y nos lleva hacia el cementerio. Salimos en plena noche, con muchísima humedad pero poco frío. Antes de entrar nos cuenta que hay que purificarse así que tenemos que lavarnos las manos y la boca con unos cacitos que hay. Primero tenemos que enjuagarnos la boca y escupir el agua, nos lavamos una mano y después la otra y tiramos el agua que sobra. Nos cuenta que durante el recorrido hay tres puentes: hasta el primero no pasa nada, en el  segundo hay un pozo y a partir del tercero no se pueden hacer fotos, hay que quitarse el gorro y no se puede fumar.

El camino es empedrado y a lado y lado están las tumbas y pequeños templitos. En total pueden haber unas 200.000 tumbas, entre antiguos samurais y  fallecidos más recientes (en Japón todo el mundo quisiera ser enterrado aquí). Iluminan el camino unos farolillos de piedra que hacen una luz muy tenue. Todo en medio de un bosque milenario. Vemos unas pequeñas figuras de piedra con unos baberos y Tamura nos cuenta que están hechas en recuerdo de niños fallecidos.

Llegamos al segundo puente donde hay un templito y un pozo. La leyenda dice que si te miras en él y no te ves reflejado en el agua te morirás en 3 años. Nadie mira……

En el tercer puente hay como una especie de jaula de madera, con una piedra dentro y un agujero que permite meter la mano. El peso de la piedra representa tus pecados, si pesa mucho es porque has cometido muchos. Evidentemente, la piedra es pesadísima, por lo que a todos los presentes nos costó mucho levantarla. En el fondo este acto nos dice que todo el mundo lleva consigo algún pecado.

Hacemos otra parada delante de una fila de estatuas de budas y Tamura nos hace escoger uno a cada uno. Tenemos que cruzar las manos, inclinarnos delante de él y pedir un deseo. Después hay que coger un cacito con agua y echársela por encima.

Caminando Tamura le cuenta a Andrés que los monjes pueden casarse e incluso pueden vivir  en el templo con su pareja. Le cuenta que 100 días al año no pueden comer chile, pescado, carne, arroz, no pueden estar con mujeres, etc. Se levantan a las 2 de la madrugada y se van a dormir a las 21 h.

Al regresar al templo Rut, Noemí y yo nos vamos a dar un baño. Es una sala con unas 6 duchas y un yacuzzi. Después de ducharnos Rut se va, Noemí se mete en el baño común y yo lo intento pero sólo puedo meter las piernas de lo caliente que está el agua.

Ya con el pijama puesto y con el kimono  volvemos a la habitación y jugamos un rato a las cartas hasta las 24 h. que nos vamos a dormir.

Todai-ji Temple

abril 26, 2010

Recorremos todo el parque y nos dirigimos hacia el  Todai-ji Temple, al cual se puede acceder desde el parque tras una larga caminata. Para llegar hemos atravesado una entretenida zona comercial, llena de puestos ambulantes, que ofrecían platos muy variados. Entre nosotros y estos puestos paseaban los ciervos, con total desparpajo y despreocupación.

Este  templo es la construcción de madera más grande del mundo y en su interior se encuentro un inmenso buda marrón. ambos son impresionantes!!

En los árboles exteriores la gente ata sus deseos (escritos en delgadas hojas de papel) a las ramitas. Antes de entrar al templo, encienden una ramita de incienso y se llevan el humo hacia su cuerpo como ritual de purificación.

El buda se encuentra en el centro del templo y las personas pueden ir dando la vuelta alrededor de él. Justo en la parte derecha hay un tronco largo con un agujero en la parte inferior. Se dice que la medida es la misma que el agujero de la nariz del buda y que pasar por dentro da buena suerte, así que pasamos todos.

Rafa se compra un diario japonés precioso para poner sellos y el resto compramos algunas cosas de recuerdo. Aquí también nos ponen el sello del templo que nos cuesta 300 yens. Al acabar la visita cojemos el bus de vuelta y comemos por el centro comercial cerca del Seikanso. Comemos bien y nos cuesta 3.500 yens a los 5.